El alma y el software
Mas allá de mi................ (la naturaleza de ver desde otro punto, para seguir amandote y enamorate un poco mas)
Desaparecida la cárcel de la carne, vencido el inestable soporte que almacena nuestro espíritu, nuestra alma vagará por los siglos de los siglos en la infinita red de capilares ópticos que se tiende más allá de la precariedad de este mundo. Y ya no habrá dolores ni angustias ni requerimientos, ni trámite perecedero con lo tangible de las cosas, porque todo será feliz e inacabable, limpio e idéntico a sí mismo: desnudos y definitivos, reducidos a nuestra algorítmica esencia, ingresaremos en la realidad virtual. Y en la virtualidad, nuestra alma -nuestro software- transmigrará de hardware en hardware sin fenecer nunca, ora transfigurada en burda copia de un vetusto diskette de tres pulgadas y media, ora agazapada en la recién estrenada refulgencia de un compact CD-ROM, o duplicada y reduplicada en cientos de discos duros repartidos a lo ancho del mundo a través del World Wide Web. Así, abandonaremos satisfechos nuestra pesada carcaza mortal a sabiendas de que el verdadero paraíso coexiste con nuestra secular existencia y mientras mi cuerpo -vivo o muerto- agota su ciclo previsible, la liviandad de mi alma digitalizada permanecerá por los siglos de los siglos en el reino de las formas puras, descargada de los avatares a los que la somete la terrena existencia de cualquier hard copy.
¿Dónde ha quedado el alma si no, en esa superficie intangible y cotidiana que ha abastecido la avanzada tecnológica? ¿En que lugar se ha guarecido la sustancia incorpórea que en el transcurso de los siglos se ha empeñado en igualarse con el cuerpo, que ha saltado del sentimiento a la razón, del sujeto al mundo, negándose en definitiva a corromperse con la carne? El alma, cualquiera que cosa que ella sea: espíritu insuflado por un gran espíritu, conciencia autónoma, sutil realización de la materia, cualidad diferencial del homo sapiens, está allí, en esta nueva alma del mundo, la infinita red que reparte lo único que para sí mismo el hombre tiene: su significación. Enmarañada materialidad que oculta los recovecos que en su alma moran: el alma es el software, el software es el alma.
Desaparecido el hombre, el alma vagará inefable, repitiéndose a sí misma lo único que es y que la ata irreversiblemente al hombre de carne y hueso con quien compartió parte de su existencia: ese caprichoso juego de resonancias huecas, ese ordenamiento para nadie que es el del sentido. El sentido del hombre solo con su alma sola.
El alma del hombre es el software, siempre lo fue, aun cuando ese software era forma pura para gobernar el estuco y para moldear las piedras: para ordenar la luz sobre la inanidad de una tela. Y ahora, liberada del espacio (el software, cuando es software, no tiene extensión, sino cuando es software en potencia) y almacenada en la intemporalidad, el alma se manifestará como lo que siempre fue: actualidad virtualizada, virtualidad actualizada, efímera posibilidad de ser y de no ser al mismo tiempo.
No es causal que vivamos con tanto goce esta nueva espiritualidad materializada en apariencia: con la realidad virtual, hemos decidido a cohabitar con nuestros fantasmas, a dialogar con su realidad de murmullos y de sombras, a contentarnos con su existencia simultáneamente eterna y transitoria. El fonógrafo y el cine fueron los primeros pasos (y antes la escritura): espejos de ese otro mundo de lo desaparecido, de lo puramente simbólico que seguía existiendo más allá y pre-existiendo más acá de la muerte. El advenimiento de esta otra instancia, sin embargo, que con su estatuto constitucionalmente paradójico -es realidad, porque es lo que se vive; es virtualidad, porque se supone que, lo que se vive, es aquello que no es- constituye un salto inopinado, un empellón. Y también un reconocimiento, una certificación, la entrada en otro régimen: el de lo imaginario admitido como variante de la realidad compartida. Ya no más es el alma retratada y muerta de lo que conocimos, ya no es el pasado presentificado que decía (Barthes)? verdad!
Es el alma vagarosa y anónima: nunca sabremos si esa voz que traemos desde Internet al encender la pantalla de nuestra computadora, pertenece a alguien ya muerto o vivo o en diferido: es una voz que se ha puesto a vagar ahí, por el reino inaprensible de un enunciado que es cada vez más del tamaño del mundo, es el alma viva. Es el fantasma que nos coexiste, que nos integra, que vive entre nosotros, que forma parte de esta realidad que se hace virtual, sin que sepamos dónde y hasta dónde. Y también, en el momento que vivimos, es el anticipo de una dislocación sin precedentes. Con la institución de la virtualidad, efectivamente, se desplazan los límites entre cuerpo y alma, entre hardware y software, (es decir, entre ser y lenguaje, o mejor dicho, en el lenguaje mismo). Hay una des-cosificación de las cosas o quizás una nueva cosificación, ingresamos definitivamente en un mundo de objetos impalpables y sin embargo fiduciados: sonidos, luminiscencias, espacios incorpóreos, voces e inclusive -ya se perfila- esencias olorosas digitalizadas. La relación intersubjetiva omite la materialidad, la desecha como un pesado bagaje y hasta el erotismo ha devenido en operación interior, exteriorizada en la virtualidad .... en laque espero jamas practicar a tu lado!
Estamos más acompañados en el universo de la hiper-comunicación informática y cada vez estamos más solos. Solos con nuestro espíritu. Y es que en la nueva espiritualidad, como siempre, los extremos se tocan: Dios es el mundo y nosotros mismos, el alma hay que buscarla en el más allá del más allá, y en los más profundo de nuestro ser interior, el software está allí, inalcanzable y evanescente y el software somos nosotros. El alma, en el universo de la virtualidad, se desplaza entre lo virtual (lo imaginario) del mundo y lo imaginario (lo virtual) de nosotros. Por fin ejecutamos en profundidad lo que se decía (otra vez Lacan)... (espero no equivocarme mucho...), que somos seres de puro lenguaje, que el alma es código (No que el código es alma -esa es otra pretensión de nuestra alma codificadora- sino que somos alma a través de que somos código).
No es casual tampoco que en lo virtual se realicen, imaginaria y simbólicamente, nuestras proyecciones, que la realidad virtual sea por excelencia el reino de lo proyectado, en su triple sentido de proyecto, de expulsión y de re-posicionamiento psicológico.
Por eso habrá que ponerse a reflexionar en esta nueva encarnación del alma que nos habita desde la realidad virtual. No porque sea menos real o más real que la realidad misma, porque toda realidad es una virtualidad construida. Sino porque nos modifica desde dentro, desde el sueño, desde el alma que somos. Sueños de un software soñado por la efímera fragilidad del hardware..... en la que espero que mi hardware y el tuyo se mantengan en contacto, intercambiando softwares y por el milagro de ser, mientras somos fluidos tambien.
0000110111011101100.............................................................. te @mo.
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